Durante muchos años, la industria tecnológica persiguió un ideal: el teléfono móvil delgado, símbolo de elegancia y avance. Pero esa tendencia parece estar tocando fondo. Tras los resultados decepcionantes del Samsung Galaxy S25 Edge y el iPhone Air, los principales fabricantes han decidido dar marcha atrás. La obsesión por reducir milímetros se ha convertido en un problema de ventas.
Lo que empezó como una competencia por el diseño más fino ha terminado enfrentándose a un limite técnico y comercial. Los usuarios ya no priorizan la delgadez extrema, sino la autonomía, potencia y calidad de cámara. Y los demás fabricantes, viendo las pérdidas de los gigantes como Samsung y Apple, prefieren abandonar el experimento antes de repetir el mismo error.
El final de los móviles ultradelgados
La llamada «era delgada» ha llegado a su fin antes de consolidarse. El fracaso comercial del Galaxy S25 Edge y el desencanto del iPhone Air han obligado a la industria a repensar sus prioridades. La empresa que seguían la estela de los líderes del mercado han detenido el desarrollo de sus propios modelos «Slim», redirigiendo sus recursos a las líneas de producción más rentables.
Los fabricantes chinos han analizado cuidadosamente el fracaso de sus competidores. Quieren minimizar los riesgos financieros en lugar de seguir una tendencia que no atrae a los consumidores.
Según ha informado DIGITIMES, fabricantes como Xiaomi, Oppo y Vivo ya han abandonado el diseño de los teléfonos ultradelgados. Los componentes destinados a estos dispositivos se están reasignando a modelos estándar, onde la demanda sigue siendo fuerte.
Compromisos técnicos y pérdida de atractivo
El problema no es solo estético. Alcanzar un grosos inferior a seis milímetros obliga a los ingenieros a sacrificar batería, refrigeración y módulos de cámara. En el caso del Galaxy S25 Edge y el iPhone Air, esas concesiones resultaron fatales. Los usuarios encontraron dispositivos elegantes, si, pero con una autonomía limitada, sobrecalentamiento frecuente y cámaras inferiores.
El iPhone Air, lanzado en septiembre de 2025, ejemplifica este error estratégico. Con un precio inicial de 1.999 euros, ofrece menos batería y potencia que el iPhone 17 Pro, que cuesta solo 100 euros más y entrega un sistema de triple cámara y una pantalla de 12Hz. El resultado: ventas discretas y críticas constantes por su relación precio-rendimiento.
Impacto en la producción y la excepción de Huawei
El despliegue ha afectado a toda la cadena de producción. Proveedores como Foxconn ya han desmantelado la línea dedicada al iPhone Air, mientras Luxshare detuvo su producción el pasado octubre de 2025. En paralelo, la surcoreana Samsung ha cancelado oficialmente el Galaxy S26 Edge, eliminando cualquier sucesor directo al modelo fallido.
Sin embargo, Huawei ha decidido seguir otro camino. Con el Mate 70 Air, presentado a inicios de este mes, la marca apuesta por una nueva tecnología de baterías de silicio-carbono, que promete una mayor densidad energética. A pesar de su grosos de 6,6 mm, el dispositivo ofrece una batería de 6.500 mAh, un logro verdaderamente notable.
Por ahora resta ver si el público premiará la innovación o si, una vez más, la delgadez quedará asociada a la fragilidad y el rendimiento comprometido. El mercado parece claro: la estética ya no basta. Los consumidores quieren potencia, autonomía y equilibrio, y los móviles ultradelgados no han logrado cumplir esas tres promesas al mismo tiempo.

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