Muy seguramente tu lo hiciste también: clic derecho y actualizar el escritorio de forma compulsiva antes de abrir un juego. En la época de Windows XP, se extendió la creencia colectiva de que esta acción preparaba al sistema operativo. Nosotros pensábamos que, de forma mágica, el ordenador liberaba recursos o aceleraba el procesador para ofrecernos un mejor rendimiento.
No obstante, la realidad técnica detrás de esta función era mucho más sencilla y menos emocionante de lo que pensábamos. No existe un mecanismo oculto que reasigne potencia por pulsar ese botón en el menú contextual. Lo que realmente sucedía es un proceso era un refresco visual que poco tenía que ver con la velocidad de los fotogramas.
¿Qué hace realmente actualizar en el escritorio de Windows?
Al ejecutar esta opción, el sistema operativo simplemente redibuja la interfaz gráfica de la pantalla para sincronizarla con la unidad de almacenamiento. Su principal función es corregir los errores visuales, como los iconos que aparecen en color blanco o archivos que no se muestran al ser movidos. Es un método manual para forzar al Explorador de archivos lea las estructuras de directorios actuales.
Garantiza que la vista del escritorio en caché se actualice con la estructura de directorios más reciente. Eso es todo.
Este proceso es útil cuando el sistema no detecta de forma automática un cambio realizado por una aplicación externa o una descarga. Si has pegado un documento y no te aparece en la carpeta, el botón actualizar de Windows obligará a que el sistema verifique nuevamente el contenido del almacenamiento. No limpia la memoria RAM ni optimiza el registro del sistema.
El impacto real en el rendimiento del PC
Así que lejos de acelerar el ordenador, el uso excesivo de esta función lo que hace es consumir más ciclos de CPU de forma totalmente innecesaria. Cada vez que se pulsa actualizar, obligarás a tu procesador a trabajar en renderizar de nuevo cada elemento visual del escritorio. Si tu PC ya muestra todo correctamente, estas desperdiciando los recursos que podrías aprovechar en tareas más necesarias.
Por lo tanto, el mito de la velocidad probablemente nació de la sensación de «limpieza» visual que produce el parpadeo de los iconos. Pero en la arquitectura de Windows 10 y 11, los sistemas ya gestionan estas actualizaciones de forma automática casi siempre, solo deberías recurrir a la función si notas si un archivo reciente no te aparece o si los iconos se ven corruptos.
Así pues, finaliza una de las leyendas urbanas más persistentes de la informática domestica. Si buscas mejorar en rendimiento en juegos, lo mejor es cerrar aplicaciones en segundo plano que desgastar el mouse haciendo clic derecho sobre el escritorio. La tecnología actual es lo suficiente inteligente para gestionar sus recursos sin que tengamos que pulsar botones por pura nostalgia o costumbre.
Como experiencia propia, yo lo hacía, como 10 veces antes de iniciar un programa o juego en mi ordenador jajaja … ¿tú lo hacías?…

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