Curiosidad: Un investigador japonés creó una memoria USB de 128 bytes

Crea una USB gigante de 128 bytes con tecnología de ferrita retro.

Memoria USB de 128 bytes
Memoria USB de 128 bytes

La miniaturización tecnológica ha sido la norma durante décadas, permitiéndonos llevar terabytes de información en el bolsillo. No obstante, un ingeniero japonés ha decidido romper esta tendencia con un proyecto que desafía la lógica comercial de la actualidad. Se trata de una memoria USB gigante que, a pesar de su tamaño, apenas puede almacenar una fracción de un archivo de texto básico.

Hay que destacar que este nuevo dispositivo no busca competir con los discos duros actuales, sino rescatar una tecnología olvidada que fue vital para la conquista del espacio. Al conectar esta placa de circuitos a un puerto moderno, seremos testigos de un viaje en el tiempo donde el hardware se vuelve tangible y mecánico. La capacidad de almacenamiento es mínima y se convierte aquí en una declaración de los principios sobre la historia de la informática.

Memoria USB de 128 bytes

Memoria de núcleo magnético

El corazón de este curioso invento es la memoria de núcleo magnético, un sistema que logró dominar la computación antes de la llegada de los semiconductores. En lugar de celdas microscópicas de silicio, este dispositivo utiliza anillos de ferrita tejidos manualmente con cables de cobre que se encargan de gestionar los datos. Se trata de una estructura física donde el almacenamiento de datos retro se puede observar a simple vista, sin necesidad de un microscopio.

Esta tecnología fue el estándar dominante en los mainframes durante las décadas de 1950 y 1960. A diferencia de la memoria flash moderna, la información no se almacena en celdas semiconductoras, sino en núcleos de ferrita.

Cada anillo de esta red representa un bit mediante su orientación magnética, que funciona de forma no volátil. Esto significa que la tecnología de ferrita permite conservar la información incluso cuando desconectamos el cable USB del ordenador. Sin embargo, el proceso para leer esos escasos 128 bytes es mucho más complejo y delicado de lo que cualquier usuario actual podría llegar a imaginar.

El reto de la lectura destructiva

Es importante destacar que uno de los aspectos más fascinantes de este proyecto es que leer los datos implica destruirlos en el proceso. Al consultar el estado de un bit, la orientación magnética del núcleo se altera inevitablemente, borrando la información de forma inmediata. Para solucionar este inconveniente, el investigador ha integrado una Raspberry Pi Pico que actúa como un cerebro intermediario de alta velocidad.

Memoria USB de 128 bytes

El microcontrolador gestiona un ciclo de actualización en milisegundos, reescribiendo el dato justo después de haberlo leído para que no se pierda. Con este método se recrea fielmente el funcionamiento de las computadoras del MIT de 1953 o los sistemas de navegación de las misiones Apolo. Es un recordatorio de la ingeniería extrema que permitió a la humanidad llegar a la Luna con menos potencia que una calculadora.

Se trata de un homenaje a la ingeniería clásica

Aunque una unidad USB de 128 bytes parece inútil en la era de la IA, su valor educativo es incalculable. Nos permite entender por qué los chips DRAM de Intel revolucionaron el mercado en los años 70 al ser más baratos y rápidos. Mientras que los núcleos de ferrita requerían de un montaje manual exhaustivo, los procesos automatizados actuales permiten densidades de datos casi infinitas.

El proyecto de dyd_NAO nos enseña que la informática no siempre fue invisible y abstracta como ocurre hoy con la nube. Hubo un tiempo en que los bits ocupaban espacio físico y se podían tocar con los dedos. Aunque este dispositivo no sirva para guardar fotos, logra con éxito su misión de preservar la historia de la computación de una manera creativa.

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