LibreOffice arremete contra OnlyOffice de falso código abierto

LibreOffice acusa a OnlyOffice de ser “falso código abierto” y alerta sobre la dependencia tecnológica.

LibreOffice acusa a OnlyOffice de “falso código abierto”
LibreOffice acusa a OnlyOffice de “falso código abierto”

La disputa por el control del ecosistema ofimático vuelve a encenderse. En los últimos días, LibreOffice ha lanzado un mensaje contundente: su rival OnlyOffice sería un “falso código abierto”, según una dura entrada publicada por The Document Foundation. La crítica llega justo después de sus recientes señalamientos a Microsoft, acusada desde hace años de imponer formatos cerrados.

El debate sobre los estándares abiertos regresó con fuerza. Los desarrolladores de LibreOffice sostienen que estas prácticas perjudican a los usuarios y frenan la interoperabilidad. Dentro de las primeras 100 palabras aparece el núcleo del conflicto: la acusación de “falso código abierto” contra OnlyOffice, presentada como una advertencia sobre la creciente dependencia tecnológica.

LibreOffice acusa a OnlyOffice de “falso código abierto”

Por qué TDF acusa a OnlyOffice de “falso de código abierto”

Tras este señalamiento, The Document Foundation profundiza en los paralelismos históricos. Recuerdan la era de Internet Explorer 6, cuando Microsoft intentó convertir HTML en un formato parcialmente propietario mediante extensiones exclusivas. El W3C frenó aquella deriva, pero -según TDF- la historia se repite hoy con los formatos de documento.

Los usuarios acaban encerrados en un ecosistema que no controla la comunidad, sino las empresas que lo alimentan, afirma Italo Vignoli en la publicación oficial.

Dependencia del proveedor y formatos no completamente abiertos

El punto crítico para los desarrolladores de LibreOffice está en OOXML, el estándar reconocido por la ISO pero cuestionado por su implementación real. Según TDF, nunca ha funcionado como un auténtico estándar abierto. Cada vez que un usuario abandona los programas de Microsoft, surgen errores de visualización, lo que alimenta la llamada “dependencia del proveedor”.

En este escenario, OnlyOffice sería -según Vignoli- parte activa del problema. Aunque el proyecto se presenta como software de código abierto, su estrategia gira en torno a priorizar los formatos de Microsoft. Para la fundación, este enfoque refuerza un modelo de negocio cerrado mientras sostiene la falsa narrativa de apertura tecnológica. Aquí entran en juego palabras clave secundarias como software libre y estándares abiertos, que atraviesan toda la discusión.

El artículo también aborda un punto especialmente sensible: la seguridad. TDF asegura que depender de formatos propietarios implica “entregar las llaves” del contenido a terceros con sus propios intereses. Como ejemplo, mencionan el caso del fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, cuya cuenta corporativa de Microsoft habría sido clausurada por orden del gobierno estadounidense. Para TDF, episodios así demuestran por qué el Formato de Documento Abierto (ODF) debería ser la norma.

Una llamada a la interoperabilidad real

Vignoli concluye su análisis invitando a los usuarios a respaldar soluciones que no giren alrededor de un único proveedor. Las cifras lo acompañan: LibreOffice asegura contar con 200 millones de usuarios y más de 40 millones de descargas anuales. El mensaje apunta a un futuro donde los estándares abiertos garanticen independencia, seguridad y control real sobre la información.

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