El mito del antivirus: por qué pagar más no significa estar más seguro

Pagar por antivirus ya no garantiza seguridad.

Pagar por antivirus ya no garantiza seguridad
Pagar por antivirus ya no garantiza seguridad

Durante años, suscribirse a un antivirus costoso se consideró sinónimo de seguridad digital. Pero en 2025, esa creencia se ha convertido en un mito persistente. Las nuevas defensas integradas en los sistemas operativos modernos hacen que pagar por una licencia anual ya no sea una necesidad, sino una elección poco rentable.

El negocio del software antivirus sigue siendo millonario, impulsado por el miedo de los usuarios a quedar desprotegidos. Sin embargo, la mayoría ya dispone de protecciones avanzadas sin gastar un euro adicional. Entonces, ¿vale la pena seguir pagando por una suscripción?.

Pagar por antivirus ya no garantiza seguridad
Pagar por antivirus ya no garantiza seguridad

Antivirus costoso: un negocio más rentable que necesario

Al comprar un ordenador nuevo, muchos notan la presencia de versiones de prueba de antivirus que, tras unos días, piden una licencia de pago. Según Bitkom, las licencias únicas rondan los 42,50 euros y las suscripciones anuales unos 29,70 euros. Para las empresas del sector, el margen es alto; para los usuarios, el beneficio es bastante discutible.

Los consumidores pueden ahorrar dinero en este aspecto: existen buenas razones para prescindir de este tipo de software antivirus.

Los sistemas operativos actuales, Windows, macOS, Android o iOS ya integran capas de seguridad que hace una década solo ofrecían las soluciones de pago. Microsoft Defender, instalado de forma predeterminada en Windows, supera con frecuencia a Norton, McAfee o Avira en pruebas independientes. En Mac, XProtect cumple con eficacia su tarea antimalware. Y en móviles, las tiendas oficiales de aplicaciones filtran el contenido antes de su descarga.

La seguridad depende más del usuario que del antivirus

Las amenazas modernas han evolucionado más rápido que los programas antivirus. Hoy, los ataques más comunes no se basan en virus tradicionales, sino en el error humano: hacer clic donde no se debe.

Los antivirus identifican malware conocidos, pero cuando el sistema operativo ya ha publicado sus parches de seguridad, esto programas apenas añaden valor. Actualizar el sistema operativo y mantener las firmas de seguridad del propio sistema es, en la práctica, una estrategia más eficaz.

La mayoría de los grandes ciberataques como los ransomware recientes, no explotan fallos técnicos, sino la confianza del usuarios. Los delincuentes esperan que las victimas ejecuten archivos adjuntos, ignoren las advertencias y concedan permisos sin pesar. En ese escenario, ningún antivirus de pago podrá protegerte.

El riesgo oculto: el propio antivirus puede ser una vulnerabilidad

Paradójicamente, los programas diseñados para proteger pueden abrir nuevas puertas a los atacantes. Los antivirus complejos requieren permisos profundos dentro del sistema, y esos privilegios los convierten en objetivos atractivos. Cuando un antivirus falla, el daño potencial es mayor que el de una amenaza común.

Por eso, los expertos recomiendan confiar en las herramientas nativas del sistema y no sobrecargar el dispositivo con software adicional. En el ámbito doméstico, basta con seguir algunas reglas básicas:

  • No desactivar las funciones de seguridad integradas.
  • Instalar los parches y actualizaciones del sistema sin demora.
  • No abrir archivos adjuntos sospechosos ni enlaces desconocidos.

En el caso de las empresas, el panorama es distinto: las soluciones de seguridad corporativa operan a otro nivel y suelen ser obligatorias. Pero para el usuario promedio, pagar por un antivirus costoso es, en esencia, innecesario.

El mito de que “más caro es más seguro” ha quedado atrás. En 2025, la verdadera defensa digital se construye con sentido común, actualizaciones al día y un clic responsable.

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