La trayectoria de Microsoft con sus sistemas operativos ha estado marcada por ciclos de innovación brillante seguidos por tropiezos estrepitosos. En la actualidad, Windows 11 atraviesa un periodo de incertidumbre que recuerda inevitablemente a uno de los capítulos más oscuros y ambiciosos de la compañía. Aunque muchos señalan las similitudes con el incomprendido Windows 8, existe un referente histórico mucho más preciso para entender el caos actual: el proyecto original de Windows Longhorn.
No nos referimos a la versión que finalmente se transformó en Windows Vista, sino al concepto inicial nacido a principios de los 2000. Aquella visión pretendía revolucionar la informática con una base tecnológica radicalmente nueva, pero terminó colapsando bajo el peso de sus propias promesas incumplidas. Hoy, la integración forzada de la IA y los problemas de rendimiento en el ecosistema de Microsoft sugieren que la historia podría estar repitiéndose.

Los paralelismos entre Windows Longhorn y Windows 11
El proyecto Longhorn original se cimentaba sobre la pila WinFX, introduciendo conceptos que tardarían décadas en madurar. Uno de sus pilares era WinFS, un sistema de archivos basado en bases de datos que prometía cambiar la forma en que buscamos información. En la actualidad, vemos un esfuerzo similar con la implementación de ReFS y la arquitectura de Agentic OS, donde los Redmond intentan nuevamente dar un salto técnico sustancial partiendo de bases que aún no han terminado de asentar en el mercado.
La ambición de Microsoft en 2025 se refleja en funciones como Recall y Copilot Vision, que actúan como herederas espirituales de aquellas promesas de gestión de información contextual. Sin embargo, al igual que ocurrió hace veinte años, la brecha entre la visión técnica y la experiencia de usuario final empieza a generar una fricción peligrosa que afecta la estabilidad el sistema operativo.
Longhorn era una base de código llena de errores, mientras que Windows Server, gracias a un enfoque de desarrollo más metódico, seguía siendo estable. Microsoft tuvo que aprender por las malas y pulsar el botón de reinicio.
El peso de la innovación sin optimización
Uno de los mayores problemas compartidos entre ambos desarrollos es el rendimiento. Durante las pruebas realizadas a Windows Longhorn, los ingenieros internos a menudo desactivaban funciones estrellas para que el sistema fuera mínimamente utilizable. En Windows 11, observamos una tendencia similar donde la prisa por lanzar herramientas de IA parecen comprometer la agilidad del kernel. La transición hacia lenguajes más seguros como Rust es un paso positivo, pero la carga de procesos en segundo plano sigue lastrando la experiencia en general.
Seguridad y el desafío del Agentic OS
La seguridad ha pasado de ser una preocupación secundaria a un eje crítico. Si Windows Longhorn obligó a Microsoft a detener todo para centrarse en el Service Pack 2 de XP, los desafíos actuales con las vulnerabilidades y las inyecciones de avisos en la IA exigen una atención equivalente. El despliegue de Agentic OS busca automatizar tareas complejas, pero abre nuevas puertas que la infraestructura actual de Windows todavía lucha por blindar de manera más efectiva.
La estructura interna de Microsoft también muestra signos de fatiga similares a los de la era de Dave Cutler. La presión por el dogfooding (uso interno de productos inacabados) y la implementación obligatoria de herramientas de IA entre los empleados está generando una saturación que se traslada al producto final. Cuando los desarrolladores lanzan funciones a un ritmo superior al que pueden estabilizarlas, el usuario final termina convirtiéndose en un tester involuntario.
A diferencia del pasado, donde figuras técnicas lograban frenar a la gerencia para priorizar la calidad, el liderazgo actual parece más enfocado en la competencia directa por la hegemonía de la inteligencia artificial. La comunicación con la comunidad, especialmente a través del programa Windows Insider, se percibe fracturada, dejando a los usuarios con la sensación de que sus necesidades básicas de estabilidad son secundarias frente a la visión corporativa. El futuro de Windows dependerá de gran manera en encontrar ese equilibrio perdido entre la innovación audaz y la fiabilidad que los usuarios exigen…

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